miércoles, 17 de junio de 2015

FALLECIÓ RAE NATALIE PROSSER GOODALL

Foto: LaNación.com
La mañana del 25 de mayo nos sorprendió la noticia de la partida de la Dra. Rae Natalie Prosser Goodall, la investigadora científica de Tierra del Fuego con mayor reconocimiento mundial, quien dedicó toda su vida al estudio de la región. Fue la investigadora del CONICET, que inició sus trabajos veinte años antes de la inauguración del CADIC.


(*Por Natalia A. Dellabianca).- Natalie es una antigua pobladora de Tierra del Fuego, coleccionista de alma y exploradora incansable de las costas (y las montañas) de este lugar. Nacida en Ohio, Estados Unidos, se graduó con honores como BS in Education, Biology and Art (titulo equivalente a una licenciatura) en la Kent State University en 1957 y posteriormente obtuvo un Master en Biología en la misma institución (1959). Trabajó como maestra en colegios de la Mobil Oil de Venezuela durante cuatro años y luego viajó por Sudamérica. En Bariloche leyó el libro “El Último Confín de la Tierra”, escrito por Lucas Brigdes, uno de los hijos del misionero anglicano Tomas Bridges. Luego de leerlo, decidió que tenía que conocer Harberton, primera estancia de Tierra del Fuego y cuna de muchas de las historias narradas por Lucas en su obra literaria. Allí conoció a Tomas Goodall, bisnieto de Tomas Bridges, quien viajó a Estados Unidos para casarse con ella en 1963. Ahora tienen dos hijas y seis nietos fueguinos.

Ya radicada en Tierra del Fuego, sus ansias de conocer sobre la historia de los nativos, los primeros exploradores y la vida de la región la llevaron a realizar innumerables expediciones por todo el Archipiélago Fueguino. Mezclando el arte y la ciencia, comenzó a coleccionar e ilustrar plantas nativas, actividades que resultaron en un herbario personal con más de 8.500 especímenes, varios artículos botánicos y más de 90 ilustraciones del libro “Flora of Tierra del Fuego” de David Moore, entre otros. Todo lo que vivió y aprendió durante esos años, fue plasmado en su libro “Tierra del Fuego” declarado de valor histórico, cultural y turístico por las autoridades provinciales y utilizado como manual de referencia en los colegios locales.

Mientras recorría las playas en busca de plantas, encontró algunos esqueletos de delfines que la motivaron a estudiar a los cetáceos australes, estudio que posteriormente extendió a todos los mamíferos y las aves marinas de la región. En este proyecto, que se continúa en la actualidad, se registran avistajes oportunísticos de cetáceos y se realizan campañas de monitoreo de las costas donde se localizan y colectan animales varados. Los especímenes colectados son depositados en el Museo Acatushún de Aves y Mamíferos Marinos Australes (AMMA), fundado y dirigido por ella, y localizado en la estancia Harberton. Esta colección, de unos 2.940 especímenes de mamíferos y 2.560 de aves, es una de las más importantes de Sudamérica en la temática y es consultada y estudiada por científicos locales y de diferentes lugares del mundo. A través de un programa de pasantías, cada año recibe y enseña a más de 30 estudiantes de distintas universidades nacionales e internacionales, algunos de los cuales fueron luego sus tesistas y/o becarios. Con más de 100 publicaciones científicas, capítulos de libros y artículos de divulgación, Natalie es la pionera y principal referente en el estudio de los mamíferos marinos de la región.

A excepción de un corto período (1982-1988) donde trabajó bajo contrato en el CADIC, sus investigaciones fueron realizadas ad-honorem, aunque recibió numerosos subsidios de organizaciones e instituciones, como la National Geographic Society y Total Austral SA. Tantos años de esfuerzo y estudio le valieron numerosos premios y reconocimientos, siendo declarada Doctor en Ciencias Honoris causa por la Kent State University e Investigador Independiente ad-honorem del CONICET, perteneciendo al Laboratorio de Ecología y Conservación de Vida Silvestre del CADIC.

Años atrás, durante un homenaje a varios investigadores del Centro, Natalie expresó que aunque no había nacido aquí, sentía que Tierra del Fuego era su lugar y que le agradecía profundamente a esta provincia porque le había dado todo, refiriéndose especialmente a su familia y haciendo mención a su realización profesional estudiando la flora, la fauna y la historia del lugar. Investigaciones fueguinas que ha mantenido con la misma pasión por más de cincuenta años, esa pasión que logra contagiar a todos aquellos que han trabajado con ella.

El legado de la primera naturalista residente en la isla no puede resumirse en unas pocas líneas; queda disponible en formato de libros, posters, mapas, colecciones tanto en el Museo Acatushún (Harberton) como en otros museos del mundo; y, seguramente quienes lo mantendrán vivo serán sus numerosos discípulos, portando el mismo entusiasmo que Natalie les transmitió.
Sus restos descansarán en el Cementerio de Estancia Harberton, Tierra del Fuego, su lugar en el mundo.

* (Artículo tomado de Revista La Lupa Nº 7 publicado en marzo de 2015)


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