martes, 25 de febrero de 2014

CERRO JEUJEPEN: UN ACCIDENTADO TREKKING

El lunes cerca de las 19, decidí que por fin conocería el cerro Jeujepen y su mirador. Muchas veces había intentado llegar a ese lugar, que dista de la ruta 3, unos 7 kilómetros. Antes no había podido llegar por falta de señalización que indicara el inicio de la ruta hacia el lugar. Afortunadamente logré dar con el lugar, que precisamente se encuentra señalizado en una senda que demanda poco más de una hora en caminata. Ante mis planes, decidí continuar con el vehículo hasta el estacionamiento, que se encuentra perfectamente señalizado. En la caminata alcancé los 711 msnm. Al final de la nota una galería de fotos en Flickr y acá, los detalles del sendero que hice.

Luego de tomar unas fotografías al atardecer sobre el lago Khamy, emprendí la caminata por una senda abierta en medio del bosque. Está unos cuántos metros antes del final del camino, hacia la derecha. Hay que mirar muy bien para notar el cambio del suelo. Allí, se nota perfectamente la senda.

Caminar por el bosque del cerro Jeujepén (o Heuhuepen), es como hacerlo en otros puntos de Tierra del Fuego, con la diferencia que pronto se alcanza una altura considerable y el paisaje se abre majestuoso sobre el lago. El atardecer, de colores amarillos y magentas daba una iluminación particular a los árboles del cerro.

Pero la tranquilidad de caminar y fotear, pronto se esfumaron. La senda aparecía y desaparecía fácilmente logrando centrar toda mi atención en cómo seguir subiendo la ladera de esa montaña que llega a unos 711 metros sobre el nivel del mar. De nuevo aparecía el sendero, otra vez se iba.

Cuando miraba hacia arriba, veía que las copas de las lengas estaban muy iluminadas y se apreciaba un bosque abierto y alto. Aunque esto, terminó abruptamente cuando llegué a la zona del bosque achaparrado. Señal inequívoca, que me encontraba cerca del límite de vegetación. Para qué mencionar que con esta noticia, apuré el paso para llegar cuanto antes al lugar.   

Debo aclarar, que la tarde del lunes en Tolhuin se mostraba soleada, el cielo algo cubierto de nubes y una temperatura que me permitió moverme en remera y un chaleco polar. Grave error. Si bien es cierto que en el interior del cerro mi temperatura corporal me permitía moverme con soltura, una vez llegado al límite de vegetación, la temperatura bajó abruptamente por el viento.

Luego de lograr safar de las ramas arrinconadas a la tierra por los fuertes vientos fueguinos, finalmente salí del bosque. La vista, ahora era muy diversa. Al sur, podía ver los picos nevados de los Andes y el lago iluminado con los últimos rayos del sol; de frente las sierras de Beauvoir, de Apen, de las Pinturas a oscuras con las cimas pintadas suavemente de color magenta. Al norte, la cabecera del algo y Tolhuin, también con colores dorados por el atardecer.

El terreno, a unos 500 msnm, también cambió abruptamente. Antes estaba compuesto por ramas, humus y hojas secas; ahora era un turbal mezclado con piedra laja. Cojines, unas pocas plantas de calafate y un sendero claramente visible eran parte del paisaje en estas alturas. Pero sobre todo la turba, que hacía que la caminata sea placentera ya que no presentaba mucha profundidad.

Ahora, como dije en repetidas oportunidades, la vista era grandiosa. El cerro Jeujupén tiene tres cimas –por así decirlo- y opté por llegar hasta la que da al norte, de frente a la cabecera del lago, cercana a la ruta 3 y con la vista de Tolhuin en toda su extensión.

Acá, el viento ya era más imponente. Yo, de remera y chaleco. Las luces continuaban bajando y hacia el sur podía ver cómo algunas nubes quedaban atrapadas en bajos picos de la zona cordillerana. Todo azul y verde.

Al aproximarme al final del sendero, allá arriba, a unos 700 msnm, caminaba como por una calle horizontalmente tranquila, con vistas de la ladera del cerro que daban la impresión que en cualquier momento podría caerme hasta dar con los primeros troncos de lenga, allá abajo.

La panorámica ahora era muy clara. Un refugio construido de chapa, una torre de unos pocos metros y dos tótem que otros caminantes armaron, adornaban este solitario lugar.

El refugio está construido de, al parecer, partes de un container. En su interior, hay dos baterías de bajo mantenimiento, un banco que ocupa gran parte del lugar, dos botellas de medio litro llenas de agua y unas tablas (como para picar algo). Encima del banco, que no tiene más de 1,80 m; había un Tupper naranja con su tapa blanca. No me animé a tocarlo. No lo abrí, pero haciendo algunas consultas me cuentan que en su interior hay un cuaderno, donde los caminantes dejan sus impresiones del trek. Me lo perdí. Lo sé. Tengo que volver. Voy a volver.

En el interior, al abrigo del viento que llegaba del lago, pude apreciar el paisaje que se dibujaba al sudeste de donde me encontraba. Por las condiciones del cielo (*), todo se veía azul. En distintas tonalidades, pero azul y profundo.

A esta hora, el reloj marcaba las 20,30. Había caminado una hora 20, en medio de un sendero que a veces aparecía y otras no. Desde el punto de inicio hasta la cima, donde me refugie en la construcción de chapa y madera, transité 2,75 km. Y la noche llegaba a pasos agigantados.

Una mala decisión

Quedarme foteando en la cima, contemplando el atardecer y viendo como, las luces de Tolhuin, débilmente comenzaban a encenderse fue un error. La noche llegaba muy rápido y la luz cada vez era más débil.

Aunque el viento no calmaba, emprendí el regreso y decidí seguir el sendero que apenas veía entre la piedra laja y la turba de la cima. Este, viró generosamente hacia la izquierda y luego continuó en un suave declibe de la montaña. Unos mojones, palos y piedras cumuladas en forma de torre, indicaban la senda. Luego, volvió a subir a la cima y de ahí otra vez a la izquierda por el límite de vegetación. Había más mojones pero el camino comenzaba a desdibujarse. La vegetación y la falta de luz, hacían todo.

En un punto ya estaba dentro del bosque, todo oscuro y silencioso. Los autos de la ruta se escuchaban muy lejos y el GPS… ¡El GPS! Si había grabado el trek de ida, seguramente podría pedirle que me indique el punto de inicio. Sin conocer mucho la aplicación de Wikiloc para Android, cargué la ruta que comparto con este articulo y precisamente a los 321 msnm el aparato me indicaba que estaba a solo 200 m del lugar donde había iniciado la caminata.

Crucé decenas de troncos y árboles caídos sin ver absolutamente nada más, que aquello que alumbraba la linterna. Seguí, de a ratos iba en sentido contrario y continuamente veia el celular para continuar el camino. Ahora si escuchaba más de cerca los autos en la ruta 3. Hice un paneo con la linterna al bosque y por fin, pude ver los carteles de la ruta que lleva al mirador. Ahora, solo estaba a unos 20 metros del vehículo.

Una vez dentro del auto, la lluvia descargó suavemente sobre el Jeujepén.

El primer error, iniciar una caminata de estas características muy tarde. Segundo error, al hacerlo de noche caminar sin un sendero debidamente señalizado.



Cerro JeujupenCerro JeujupenCerro JeujupenCerro JeujupenCerro JeujupenCerro Jeujupen
Cerro JeujupenCerro JeujupenCerro JeujupenCerro JeujupenCerro JeujupenCerro Jeujupen
Cerro JeujupenCerro JeujupenCerro JeujupenCerro JeujupenCerro JeujupenCerro Jeujupen
Cerro JeujupenCerro JeujupenCerro JeujupenCerro JeujupenCerro JeujupenCerro Jeujupen


Cerro Jeujupen, un álbum en Flickr.













Cerro Jeujepen: Generalidades (**)

Al llegar al mirador, un cartel cuenta que “el guanaco desempeño el papel más importante en la vida económica de los Selk’nams. Las montañas de la orilla meridional del Lago Fagnano (Khamy), el ámbito del Heuwepen, eran consideradas el espacio vital de este mamífero que le correspondía por derecho, pues ‘aquí era su hogar’, donde la caza estaba prohibida. Esta tradición se respetaba rigurosamente, probablemente sustentada en la idea de concederle una región determinada para evitar su extinción”. Martín Gusinde: Los indios de Tierra del Fuego. Los Selk’nams CAEA 1990.

Entre los libros que tengo sobre historia y geografía fueguinos, poco y nada hay sobre este cerro al que, hace algunos años, extrajeron piedras para la fallida construcción del puerto de Río Grande. La gran peladilla en l ladera sur, que se ve en dirección Ushuaia Tolhuin, es la minería a cielo abierto montada en los 90.

Según el sitio Minería.gov.ar, el cerro Heuhuepen es de composición plutonita sienítico-diorítica, tiene un sistema de drenaje compuesto por varios arroyos, que en mi paso por el sendero improvisado no alcancé a divisar. De todos modos, es colectada finalmente por el río Turbio.

Sobre las precipitaciones anuales alcanza los 500 mm y la acumulación nival se da entre mayo y agosto.

Si bien en cierto que mencioné la presencia de un suelo compuesto en el bosque y turbal con laja en la cima, hay que destacar que “la pendiente bien definida, la falta de formación de valles colectores desarrollados y el escaso espesor de suelos motiva que el agua en estado líquido tenga poca permanencia en la cuenca.

Entre el camino secundario a Laguna Blanca y la Ruta Nº 3 hay una faja de depósitos secundarios glacilacustres y glaciofluviales (Bujalesky, 1998) en los que se emplazan vegas y turbales que drenan hacia el chorrillo de Laguna del Indio; otros directamente a laguna del Indio y otros al lago, al O de la laguna.

El segundo curso, en orden de importancia, es el que escurre paralelamente al camino de acceso a la cantera, en un recorrido recto y oblicuo a la pendiente. Sus nacientes están controladas por alineamientos de lomadas en las cuales aflora el sustrato rocoso (formas drumlinoides). El área de aporte del mismo es reducida y su caudal medio poco significativo, en el orden de 10 a 20 litros por segundo, con marcada reducción en veranos secos por su exposición a los vientos y la carencia relativa de elementos reguladores. Este chorrillo desemboca en el Lago Khami (o Fagnano), entre el chorrillo de laguna del Indio y la cabecera del lago.

Los dos cursos son los que de alguna manera están afectados por la explotación del Heuhuepen, por cuanto la cantera y obras complementarias están situadas en la cuenca de ambos. Las afectaciones serían las siguientes:

Destrucción de la cobertura vegetal y capa total de suelo en las áreas de extracción, remoción y acopio de material. Esto genera una superficie expuesta de carácter impermeable y sin capacidad de almacenamiento de humedad. Estos cambios afectan principalmente al chorrillo de Laguna del Indio. Debido a inconvenientes en la calidad del material, el área de explotación superaría la inicialmente prevista por el proyecto.

Modificación de la configuración del escurrimiento por desaparición de los cauces incluidos en el área de extracción.

Posibilidad de derrumbe de bloques en el frente de extracción, que podría implicar destrucción de más superficie de bosque y modificación del escurrimiento al pie del cerro. La caída de rocas se producía previamente a la puesta en funcionamiento de la cantera, siendo posible el incremento de la frecuencia ante una mayor exposición.

Posibles modificaciones en el transporte de sedimentos en suspensión por parte de los cursos de agua, ante la remoción del material extraído y posterior lavado por las lluvias. Posibilidad de afectación de las características hidroquímicas del escurrimiento superficial por activación de la disolución de sales.

Alteración de las condiciones de borde del camino de acceso, el cual ha sido ampliado haciendo uso de áridos tomados de los laterales del camino, empleándose para ello material de origen glacifluvial y glacilacustre.

Construcción de nuevos tramos de caminos, que implican pérdida de superficie de bosque y extracción de áridos en zona para su construcción.

En relación a los usos del agua, cabe destacar que se ha concesionado el área adyacente a laguna del Indio con fines turísticos. Se practica allí la pesca deportiva.

Según lo expuesto por el científico Adrián Schiavini, en la reserva Río Valdez, incluye en su interior al Cerro Jeujepen el que posee un fuerte significado simbólico para la sociedad de los cazadores del centro de la isla, los Selk’nam, conocidos en los tiempos modernos como onas. Del mismo modo, el río Valdés  también es muy apetecido para la pesca deportiva, y el camping de Aguas Blancas donde se realizan actividades de recreación. Todas las zonas alrededor de esta área natural constituyen un bosque nativo que ha sido intervenido por el hombre, y en los últimos años se encuentra en  un proceso de recuperación. En ese sentido la zona adquiere un  potencial importante  para el desarrollo de actividades de turismo alternativo, ya que incluso por esta vía se puede llegar al paso Bridges que comunica la costa norte del lago Fagnano con el Canal Beagle.

(*) La variación del color azulado en días diferentes se debe a la proporción de partículas en suspensión en la atmosfera. En los días limpios la presencia de estas partículas es relativamente baja, por lo que el cielo se ve de un color azul intenso, al dominar sobre todo la dispersión Rayleigh. En cambio otros días el tono azulado atmosférico se vuelve mucho menso intensa, debido a una mayor presencia de partículas (dispersión Mie).

(**) http://www.mineria.gov.ar/estudios/irn/tierradelfuego/t-4c.asp#m1


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