lunes, 16 de julio de 2012

EL ÚNICO INOCENTE ES EL CABALLO


Recordemos los hechos. Cuatro caballos fueron hallados muertos dentro de los límites del Parque Nacional Tierra del Fuego, ejecutados a balazos por los guardaparques. Para aquellos que queremos a los animales y pensamos que si comparten este mundo con nosotros, deben ser respetados; un hecho espantoso. En muchas ocasiones, es injustamente normal que los animales paguen con su vida, por los errores de los humanos. Por que no respetamos su hábitat, por que los domesticamos y luego los abandonamos o no los cuidamos como corresponde, por que los introducimos en regiones inapropiadas, por deporte o diversión y en otras ocasiones incluso, como en esta, para cumplir con las leyes. Pagan con su vida.


No debe haber un espectáculo más bello que una tropilla de caballos galopando en un paisaje. No debe haber un animal más noble y, junto a un par de animales domésticos, más cercano al hombre. No debe haber un animal más inocente que un caballo.

El caballo, como cualquier otro animal, en un entorno salvaje sobrevive adaptándose pero, a partir de su domesticación ya no depende de sus capacidades naturales, pasa a ser responsabilidad exclusiva de quien lo ha domesticado.

Los trascendidos dicen que no es la primera ocasión que se sacrifican caballos dentro de nuestro Parque Nacional. Pese a ello, es común verlos dentro de sus límites, pese a que todos sabemos, o deberíamos saber, no está permitido el ingreso de caballos o perros dentro de esta zona protegida y amparada por leyes nacionales.

Los Parques Nacionales están creados para proteger determinados sistemas ecológicos, atractivos naturales y culturales, pensando siempre en las actuales y futuras generaciones. Tienen su propia autonomía y leyes, la autoridad dentro de ellos, son indiscutiblemente, el cuerpo de guardaparques.

Muchas de las acciones o comportamientos que acostumbramos a realizar en un ámbito natural, no están permitidas dentro de estos sectores. Si es que algunas de éstas, tampoco deberían ser socialmente aceptadas aún fuera de los Parques o Reservas Naturales. Pero nuestra sociedad, es enemiga de los límites.

Considera que en un ámbito natural y público, en este concepto que “si es público es mío”, puede hacer lo que se le venga en ganas. Dejar el perro deambular por el barrio, arrojar basura, romperlo todo o, incluso, dejar sueltos sus caballos en procura de su alimentación.
Nadie es inocente en esta controversia. Solamente el caballo.

El municipio que, con controles ineficientes y en un nuevo intento de capitalizarlo todo políticamente, sale a prometer un revolucionario chipeo, sólo cuando la problemática desborda. Los propietarios por que disfrutan de sus equinos, en ocasiones lucran con ellos, pero les resulta imposible o inaceptable gastar $ 600 pesos por mes, que es lo que mínimamente demanda la alimentación de un caballo. Los dejan entonces en determinados sectores del ejido a que escarben en la nieve un poco de pasto, ramoneen arbustos y árboles perennes, (incluso hay quienes los ayudan talando algunos de estos árboles), no se hacen responsables de jardines destruidos o el permanente pisoteo en propiedades privadas. No hablemos del riesgo de accidentes graves en rutas o calles de nuestra ciudad. Otros propietarios, mucho más responsables, prevén el alimento para el invierno, un resguardo adecuado o los trasladan a la zona norte en convenio con algunos estancieros, donde hallan refugio y pastizales adecuados.

Este hecho merece un párrafo dedicado a nuestros guardaparques, responsables de una tarea trascendente, lidiar con visitantes no muy dispuestos a aceptar condicionamientos, cumplir con normativas no siempre simpáticas, en las cuatro estaciones incluso las más hostiles, posiblemente con no todos los elementos, materiales y humanos, etc. Sin embargo, en esta ocasión,  no podemos dejar de preguntar, si es que se habían agotado todas las instancias sugeridas por la legislación y por el criterio, que en todo caso no es menos importante que cualquier ley.

No hubiese sido mejor secuestrar a los equinos y ponerlos a resguardo hasta cobrar las multas o sancionar con todo el rigor de la ley a quienes corresponda?, donarlos si es que no eran reclamados?, no debería la Administración disponer de vehículos apropiados para llegar hasta donde se encuentra el problema, como por ejemplo, motos de nieve?, o la ausencia de algunos de estos elementos justifica la matanza?, se realiza una adecuada difusión de las condiciones de uso del Parque Nacional?,  se llevan a cabo permanentes y adecuadas campañas de concientización?, se educa al ciudadano con todas las herramientas, y se dispone de ellas?, hay suficiente presupuesto y personal para un mejor y más eficiente control?, se garantiza la presencia permanente de personal resultando común ver guardaparques en diferentes sectores y horarios?, están claros los límites del Parque Nacional y correctamente cercados, principalmente en sectores lindantes al ejido urbano?, en definitiva, se puede ser implacablemente riguroso en parte de la legislación y tan ambiguo en otra?.

En este sentido, y sin ánimo de justificar la presencia de caballos que indiscutiblemente no deben estar dentro del Parque Nacional por el impacto a su naturaleza, nos preguntamos: se garantiza la adecuada protección de los ecosistemas resguardados aún en temporada estival, con la visita de cientos de vehículos por día, decenas de ómnibus en un limitado sector del Parque que recibe más de 260.000 personas por año, casi 230.000 en verano?, siendo nuestro Parque Nacional, tercero o cuarto en el país en cuanto a presencia de visitantes, no sería prioritario implementar un mejor uso luego de un buen estudio de capacidad de carga?, o es que realmente el problema mas acuciante es la presencia de caballos?.

A uno permanentemente le queda la sensación que el hilo siempre se corta por lo más delgado, que en este caso obviamente han sido los inocentes caballos.

Julio César Lovece
Fundación Ushuaia XXI

No hay comentarios:

Publicar un comentario