jueves, 12 de enero de 2012

AL ESPEJO DEL GARIBALDI


La tarde del miércoles se presentaba absolutamente aburrida. Viendo algunas fotos guardadas, de otras caminatas hechas en Tierra del Fuego, opté por darle Norte al coche y sin rumbo fijo salí de Ushuaia pasadas las 4 de la tarde.


La ruta 3 está en reparación, de modo que aproveché esa circunstancia para observar detenidamente dónde iba a parar y empezar a caminar. Ah, sí. La idea era retomar las caminatas por las montañas del Sur de Tierra del Fuego.

Empecé a pasar los centros invernales, seguí de largo en el cruce de la Ruta J (que lleva a Harberton y Almanza), comencé a subir, lentamente, hacia los Andes fueguinos. Dicho así, suena casi una travesía como pocas, pero es verdad y los fueguinos recorremos a diario esta senda que, en su punto más alto llega  a los 450 msnm.

Antes de arribar al mirador del Paso Garibaldi, bajé la marcha y recordé las varias invitaciones que me habían hecho para alcanzar el espejo del Garibaldi. Se trata de un reflector “pasivo” de 8 por 7 metros, -tipo pantalla- enclavado en la cima de un cerro. Se encuentra a 655 msnm.



De cualquier manera. Ahí estaba. En medio de la ruta iniciando un trekking en día miércoles. Inicié la caminata unos 200 metros al sur, cuando de la ruta 3 se desprende otra que sube a la derecha y se interna en el bosque. Por lo que noté, son varios los vehículos que la transitan, aunque no vi señales de alguna construcción o similar. Eran las 5 y media de la tarde.

A poco de andar, decidí internarme en el espeso bosque, que en estas alturas se muestra achaparrado por la altitud y los fuertes vientos reinantes. No había sendero alguno. Opté por seguir el lecho seco de un arroyo de deshielo, que me facilitaba la tarea.

Es cierto que mi último trekking fue en 2011, a principios, con destino al Vinciguerra. Se notó el tiempo transcurrido, sobre todo cuando subía.

Cuando logré esquivar la línea de vegetación, la ladera del cerro se presentaba bastante complicada. Pero nada comparado a lo anterior. La vegetación adherida al suelo se confundía, por momentos, con las piedras que se desprenden de la cima del cerro. Todo lo hacía demorar un poco más. Por momentos me detenía para conocer la altitud que iba alcanzando. Usar el GPS no es mi fuerte pero sirvió como fuente de información.

A las 6 y 17 de la tarde, me abrí paso entre la frondosidad de la lenga y divisé, arriba de todo, el famoso reflector pasivo de la compañía NEC, ltd.

Construido por la empresa de capitales nipones Denki Kogyo Co ltd, mira la ruta desde 1971. Por lo que logré averiguar, pese a mi escaso inglés, es que estas pantallas antenas son utilizadas para reflejar las señales de microondas. ¿Será? 

Una vez que pude apreciar el lugar, hacia el Sur, la ruta 3 se interna en un profundo valle y desaparece. Al Norte, solo piedras y la cima del cerro. Continué caminando con mucha dificultad, ya que el profundo desnivel de la ladera complicaba mi andar. Aun así, aproveché y tomé varias fotos de la vegetación altoandina. El aroma a chocolate otra vez, como siempre a estas alturas, inundó la caminata.

Cuando iba llegando a la cima, el rumor de la ruta, proveniente desde el Sur se confundía perfectamente con el sonido del agua. Busqué y encontré una afloración de agua en un lecho colorado, propio del terreno a más de 600 metros. Probé el agua y sabía a arena, tierra. Realmente lamenté haberlo hecho.

Por fin pude alcanzar la cima. El espectáculo que pude apreciar era magnifico. La laguna Escondida, con la paz de sus aguas y el humo del secadero en la cabecera, en primer plano. Al fondo, majestuoso e imponente el Lago Fagnano, cruzando la bastedad del corazón de la isla. Me senté un momento, tomé agua y comencé a disparar mi cámara. Hacía frío, algo de viento se sentía, pero el calor luego de la trepada, hacía que ese instante fuera reparador y único.


Según el GPS, al NO se encuentra la laguna Margarita, cercana a la costa del mayor lago fueguino. Sin embargo, a mi me cautivó la cima de un cerro que se mostraba al Norte. Su estructura cónica y su superficie desprovista de nieve, tentaron mis ganas y decidí continuar.

Tuve que bordear por la base, un enorme morro negro –amenazante cruzarlo por su estructura ya que carezco de todo conocimiento y técnicas de andinismo-  y una vez que alcance nuevamente la cima, caminé en dirección norte. Desde éste punto, la Ruta Nacional Nº 3 se parece más a un corte en la fisonomía de la Sierra Bridges, que una vía de comunicación.

Hacia la izquierda, el paisaje desnudaba un profundo valle surcado por un pequeño arroyo y la densidad del bosque fueguino. ¿Qué habrá más allá?



Al llegar hasta el pie del cerro que me llamaba la atención, pude darme cuenta que su estructura era muy vertical, y siendo sincero, ya el frío se había mezclado con una breve nevisca y las nubes no anticipaban disiparse. De modo que desistí llegar hasta él y luego de un descanso, cubriéndome del viento entre las rocas, emprendí el regreso.

Esta vez, lo hice por la base del morro negro, tomándome fuertemente de las rocas para alcanzar una ladera verde, al pie del espejo del Garibaldi. Así llegue nuevamente a él y emprendí el descenso a través del bosque. Otra vez la ausencia de un sendero claro, hizo que la bajada sea muy lenta. Finalmente, después de 4 horas de caminata me encontré otra vez en inmediaciones del mirador para volver a la ciudad.

Reflectores pasivos

Para conocer un poco más sobre estos aparatos, me valí de un pdf que hallé en Internet del año 1962 editado IRE Transactions on Comunication System escrito por Mervin L. Norton sobre el uso de reflectores pasivos usados en el sistema de microondas.

“Los reflectores pasivos son extremadamente prácticos. Pueden ser usados para reemplazar repetidoras activas de señales de microondas y también, difracción y sistemas de dispersión troposférica”
Y sobre las microondas y su transmisión encontré que “un radioenlace está constituido por equipos terminales y repetidores intermedios. La función de los repetidores es salvar la falta de visibilidad impuesta por la curvatura terrestre y conseguir así enlaces superiores al horizonte óptico. La distancia entre repetidores se llama Vano. Los repetidores pueden ser activos o pasivos” como el caso de Garibaldi. Aunque también señalan que “en los repetidores pasivos o reflectores, no hay ganancia y se limitan a cambiar la dirección del haz radioelectrónico”. Interesante.

El uso del GPS

No estoy muy informado sobre estos dispositivos, pero luego de investigar y tocar botones pude hacer que grabe el track por el que circule durante la tarde de ayer. Asi, el resultado es que la distancia recorrida –solo de ida- fue de 4,6 kilómetros, hay que contar las veces que erré el camino. La altitud mínima en la que inicie el trekking fue de 411 metros y logré superar los 800 metros. Wikiloc, catalogó esta caminata como moderada, empleando un tiempo de una hora 54 minutos.






3 comentarios:

  1. Hermoso relato..las fotos expresan toda la belleza del lugar...invita a ir y conocer...

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  2. Quien instaló el espejo, el ingeniero José Masaro, es el mismo que dirigó la construcción de LRA 24.

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