miércoles, 13 de abril de 2011

Los glaciares no superarían la primera mitad de este siglo

Según el investigador del CADIC, Jorge Rabassa, la desaparición de los pequeños cuerpos helados andinos es inexorable. Esto tendrá consecuencias en relación a los recursos hídricos y el potencial turístico. El geólogo participó la semana pasada de un encuentro de especialistas sobre el tema.


La semana pasada ,en uno de los salones de la Pontificia Academia de Ciencias, en el Vaticano, se reunieron 28 especialistas mundiales en cambio climático, química, física, geología y ciencias del océano y la atmósfera. Entre ellos, Jorge Rabassa, investigador superior del Conicet en el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC) de Ushuaia, quien participó como único representante latinoamericano.

El motivo que congregó a estas personalidades durante tres intensas jornadas fue «El destino de los glaciares», como se tituló un simposio sobre esos gigantes vulnerables cuya desaparición podría ser un desastre planetario.

«Los glaciares están en acelerado retroceso en todo el mundo -afirmó Jorge Rabassa en declaraciones al diario La Nación-. En mi presentación mostré cómo los glaciares del norte de la Patagonia, del Parque Nacional Nahuel Huapi, del Parque Nacional Los Glaciares y de Tierra del Fuego, se comportan todos de la misma manera, aunque están en distintas latitudes y a miles de kilómetros de distancia.»

Rabassa presentó un pronóstico complicado: «Los pequeños glaciares de montaña van a desaparecer a lo largo de la primera mitad de este siglo, eso ya es inexorable. Eso tendrá un impacto muy grande en los recursos hídricos disponibles. Además, son atractivos turísticos y forman parte de nuestro patrimonio natural.»

Según explicó el científico, dos de los ejemplos más elocuentes de este rápido proceso de desaparición son el Upsala (en el Parque Los Glaciares), que retrocedió más de ocho kilómetros en 25 años, y uno de los campos de hielo del cerro Tronador.

«Este último fue motivo de una tesis en 1983 y para los años noventa ya había desaparecido. Antes, eso tomaba miles de años, lo que demuestra que el calentamiento global tiene origen antropogénico [humano], porque los cambios se producen en tiempos mucho más veloces que los de los procesos geológicos.»

Entre las señales preocupantes que detectan los glaciólogos, además del evidente retroceso de los ríos helados, está su pérdida de espesor.

«No sólo se `acortan´, sino que se están `adelgazando´. La relación entre la superficie y el volumen incide en su vulnerabilidad. Cuando la superficie que se expone a la atmósfera es máxima, más se pierde...»

Durante la reunión también se discutieron medidas para impedir que los modelos que se manejan en la actualidad se cumplan. «Sobre todo, atacando diversos factores de modificación atmosférica, como las `nubes negras´, que se observan en la India y en China por la combustión de carbón -comentó-. En el Himalaya, estas formaciones estarían afectando la frecuencia de los monzones, esos vientos estacionales de los que depende la comida de mil millones de personas.»

También los glaciares tienen ante sí sombríos nubarrones. «Todo hace temer que las predicciones del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de 2007, aun las más pesimistas, podrían haberse quedado cortas -advirtió Rabassa-. En el país, miles de pequeños glaciares de montaña, de dimensiones reducidas (un kilómetro cuadrado o menos), desaparecerán en las próximas décadas. Un trabajo reciente prevé que, en la segunda mitad del siglo, de todos ellos sólo sobrevivirá un 10%. Es necesario que modifiquemos la matriz energética y reemplazarla por fuentes de energía no contaminantes. Por ahora, nuestro país no ha dado ningún paso en esa dirección. »

Fuente: Diario El Sureño (Río Grande)

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