miércoles, 18 de agosto de 2010

Realizan conteo de aves acuáticas en la Reserva Costa Atlántica

Personal del Museo de la Ciudad, Virginia Choquintel y de la Dirección de Áreas Protegidas y Biodiversidad, dependiente de la Secretaría de Desarrollo Sustentable y Ambiente, participaron del Censo de Aves Acuáticas en la Reserva Costa Atlántica de Tierra del Fuego.

El conteo, que se llevó a cabo entre el 3 y 20 de julio pasado, abarcó las zonas comprendidas entre Cabo Domingo y Cabo Peñas incluyendo las áreas de Punta Popper, Cabo Auricosta, Caleta la Misión, entre otros sectores claramente visitados por aves acuáticas.

Se puedieron apreciar ejemplares de Ostrero, Pato Crestón, Gaviota Cocinera y Caranca. Entre los menos registrados se contó a dos especies migratorias que llegan solo en verano: el Chorlito Doble Collar (30 individuos aproximadamente) y el Playero Trinador.

Desde 1990 Wetlands Internacional (ONG dedicada a la conservación de los humedales en todo el mundo) realiza en Sudamérica los censos de aves acuáticas. Es una iniciativa que consiste en un programa de monitoreo a largo plazo, realizado por voluntarios, y se basa en conteos semestrales (febrero y julio) de aves acuáticas en varios humedales. Estos conteos están enfocados en especies como macaes, cormoranes, garzas, cigüeñas, bandurrias, flamencos, patos, gallinetas, gaviotas, gaviotines, chorlos y afines. El monitoreo es una herramienta esencial para estimar las poblaciones de las aves acuáticas y, en consecuencia, contar con información cuantitativa y actualizada sobre su estado de conservación en los humedales prioritarios de Argentina.

En la Reserva Costa Atlántica de Tierra del Fuego, estos conteos se han venido realizando gracias al constante trabajo de Luis Benegas, del Museo de la Ciudad “Virginia Choquintel”, cubriendo fundamentalmente la franja costera comprendida entre Cabo Domingo y Cabo Peñas. A partir de este año se sumó al censo de invierno personal de la Dirección de Áreas Protegidas y Biodiversidad, dependiente de la Secretaría de Desarrollo Sustentable y Ambiente de la Provincia, a través de la participación de Tabaré Barreto, posibilitando la cobertura de nuevos sitios de monitoreo. Los lugares elegidos para el conteo que se realizó ente el 03 y el 20 de julio fueron: Paso de las Cholgas, Punta Popper y Cabo Auricosta y el tramo desde la desembocadura del río Grande hasta el Cabo Domingo.

La Reserva Costa Atlántica de Tierra del Fuego se destaca en otros aspectos por la importante avifauna que concentra, constituyendo un lugar de alimentación y descanso para aves playeras migratorias que llegan todos los veranos desde el hemisferio norte (Canadá, Alaska y EEUU), siendo asimismo numerosas las especies que eligen sus costas durante el invierno para refugiarse y conseguir alimento. Algunas, como el Cauquén Costero o Caranca y la Paloma Antártica, son más fáciles de observar en esta época del año ya que durante el verano migran hacia el sur, hasta el Cabo de Hornos las primeras y hasta la mismísima Antátida las otras.

En este censo invernal se relevaron en la Reserva cerca de 20 especies de aves, destacándose en número el Ostrero Austral (con algunas bandadas que superan los mil individuos), el Pato Crestón (que tan solo en Punta Popper llegó a los 1200 individuos), la Gaviota Cocinera y el Caranca. Entre los menos registrados se contó a dos especies migratorias que llegan solo en verano: el Chorlito Doble Collar (30 individuos aproximadamente) y el Playero Trinador (3 individuos), tratándose de ejemplares que en lugar de migrar hacia el norte con la llegada del invierno junto al resto de la bandada, han decidido quedarse a esperar la primavera en la Ciudad de Río Grande.

Otros hallazgos:

Durante el recorrido se tuvo la oportunidad de encontrar sobre la playa dos sorpresas más: un ejemplar muerto de lo que aparentemente sería una Foca de Wedell y, cerca de Caleta La Misión, una Foca Leopardo que se encontraba descansando a pocos metros del agua. Esta última es la más grande de las focas antárticas y es famosa por su gran dentadura y su agresividad en la cacería de cachorros y juveniles de lobos marinos.

Si bien para los humanos no representa un peligro porque no atacan con facilidad, se recomienda siempre tener precaución evitando acercarse y tomando el recaudo de no cortarle el camino al agua. Observar a este fantástico animal fue el premio de los “censistas de aves” ya terminando su jornada de trabajo.

Textos: Tabaré Barreto
Fotos ilustrativas: R. Andrés Toledo

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