viernes, 11 de diciembre de 2009

Una tarde en la Estepa

Durante la tarde del martes 8, la estepa riograndense nos recibió como visitantes y descubridores de sus bellezas más ocultas, cuando desandamos el recorrido desde la ruta Nacional Nº 3 y la complementaria F, hacia la costa del atlántico cercano al Cabo Peñas.



Antes de las 16, comenzamos a cruzar el descampado entre vacas y mata negras; la tarde nos recibió con un cielo diáfano, el sol presente y atento. El viento apenas acompañándonos.

Escribo en plural, porque como siempre que salgo al campo, me acompañan ciertos personajes.

Emprendimos la caminata por una vieja ruta –el antiguo trazado de la complementaria-, a la vera se apreciaba la hierba verde, áspera y apenas la iniciamos; fuimos informados de la novedad que se nos escondía.

En medio del clásico coirón fueguino, se escondía una flor de pétalos color lila, estigma y pistilo amarillos… Fue sorprendente.

La flora característica de este bioma son los coirones fueguinos (Festuca gracillima) que cubren casi toda la zona. Las matas de coirón pueden medir entre 30 y 40 cm de altura y forman un estrato bastante cerrado que constituye un 80-90 % de la biomasa total de la estepa


¿Cómo podríamos imaginar que, viajando por la ruta hacia Río Grande, en esa planicie verde-marrón encontraríamos una flor de tanta belleza? Pues sí, allí estaba. Protegida con pasturas agrestes, esta pequeña flor consiguió que abriéramos los ojos, camináramos más atentos y lleváramos la mirada hacia el suelo.

Cuando hicimos un paneo de la vegetación, vimos que no sólo las habían de color lila, también amarillas y blancas, algo que en la estepa, es difícil imaginar.

Las matas de calafate, pequeñas, incomparables a las que se ven al sur de Tierra del Fuego, dan muestras de su lucha contra el viento; el que no cesa en su presencia por estos lados.



Decidí subir hasta la cima de un pequeño cerro; con muchos ejemplares de mata negra, coirón y calafate y mientras lo hacía, me topé con un ejemplar de cojín compacto, verde oscuro, de aspecto áspero y tosco, contrasta con tanta variedad herbácea.

Desde lo alto del cerro, hacia el norte pude divisar –entre otros dos- la margen sur de la ciudad y el complejo del ex Frigorífico CAP, la antena de Radio Nacional –como siempre imperturbable- y antes una extensa laguna.

La vista hacia el sur, me devolvió al Cabo Peñas en su frontón menos conocido, con el faro en su cima y la laguna del mismo nombre, medio seca y extensa, custodiándolo.


La idea, debo reconocerlo, era llegar hasta él. Sin embargo, luego de haber caminado por 7 km. determiné que había errado la forma de acceder a esa zona y que seguir, supondría otros tantos metros.

Realmente mis acompañantes –luego de andar por más de dos horas- me miraban con caras de muy pocos amigos, por eso desistí de continuar.

Al emprender el regreso, luego de disfrutar de un breve almuerzo, cada dos pasos miraba hacia atrás como prometiéndome que la próxima, la próxima sería la vencida. Esta fue una excursión al casi Cabo Peñas.




1 comentario:

  1. La verdad es que me encantan las salidas que organizas, pero a veces te pasas, en serio.
    Las caminatas que más me gustaron fueron Almanza y Cabo Peñas, pero CASI Cabo Peñas no me gusto para nada, y estoy segura de que Jaz y yo eramos las que mas te mirabamos con cara de "pocos amigos", (con cara de: "si caminamos más te pego", mejor dicho).
    La verdad es que no se donde querias llegar, pero si sugeris que volvamos a ir al cabo por ese camino, me quedo encerrada en el baño de casa de yeya y cuando te vayas le digo que me haga panqueques con dulce de leche mientras vos caminas, jejeje.
    Creo que lo unico que me gusto de esta caminata fueron esas florcitas lilas, violetas, blancas y amarillas que habia en esas cosas grandes de pasto.
    Le proxima deci quienes te acompañamos asi los que leen Momentos saben cuanto nos cansamos y quienes te miramos con cara de pocos amigos.
    Te quiero mucho y sos el tio más capo que existe el la faz de la Tierra.
    Tu sobrina preferida, Aldy

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