domingo, 6 de diciembre de 2009

Élida y Alberto llegaron al Cabo Peñas


Hace algunos cuantos meses, Alberto –un querido amigo de la página- me consultó sobre cómo llegar al Cabo Peñas. Fue inspirado -de algún modo- por el artículo “Cabo Peñas, belleza y dolor en el Atlántico” que escribí en septiembre de 2008.

Obviamente que, le indiqué la forma de llegar a la zona (a mi me ayudó también), y recientemente he recibido en el correo, una breve descripción del paseo que hicieron estos amigos por la costa atlántica hasta llegar a ese sitio.

“Gracias por su mail con las indicaciones sobre cómo acceder al Cabo Peñas. Fue realmente una excursión fantástica. Tal como nos dijo, era más fácil por arriba –me refería al material consolidado- que por abajo –la arena de la playa húmeda y pesada-, pero el paisaje merece el esfuerzo” me informa en su mail recibido el pasado 4 de diciembre.




Gratamente podemos informar, que hemos contagiado a un par de amigos en la búsqueda de esos momentos que encierra nuestra Tierra del Fuego y que, afortunadamente para todos nosotros, encima se dan el gusto de compartirlo con nosotros.

También cuenta que la travesía costó una hora y media “con viento a favor” contra dos “con el viento riograndense en contra”, algo lógico y absolutamente natural en la estepa magallánica en la que se asienta esa ciudad.

Finalmente, Alberto nos dice “un abrazo y nuevamente gracias por todo. Igual que Ustedes, queremos a la Isla y a Río Grande particularmente.”

Simplemente, me alegro muchísimo de que hayan podido llegar ahí, lamentando no haberlos podido acompañar ya que –debo reconocerlo- me quedaron muchas ganas de conocer a fondo ese lugar, espero que este martes 8 –día de la Virgen- pueda hacerlo.

A los paseantes, muchas gracias por compartir estos momentos con nosotros… y a los demás, con tiempo y ganas, salgan a recorrer Tierra del Fuego.


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