miércoles 9 de septiembre de 2009

Momentos en el Fin del Mundo en la revista Colores Complementarios



Gratamente puedo informar que, la nota que voy a compartir con ustedes, y que resultó de una iniciativa de hace algunos meses; ha sido publicada en la revista ushuaiense “Colores Complementarios”; un emprendimiento que llevan adelante Claudia y Eugenia Pacheco.

En el tercer número, ilustrado con una fotografía muy primaveral de Sergio Anselmino, aparece la nota titulada “De génesis de la ciudad a gigante olvidado” y está referido al ex frigorífico CAP. Durante los meses de marzo y abril tuve la oportunidad de visitar el predio, por intermedio de terceros, y tomar fotos del lugar más característico de la Tierra del Fuego ganadera.

La revista se podrá encontrar en Tolhuin este viernes (panadería y estación de servicio) y el sábado en Óptica Río Grande; Kiosco Altoke; Museo de la Ciudad; Escuela Polivalente de Artes y Radio Nacional Río Grande.

A continuación, la nota publicada en “Colores” y desde ya mi enorme agradecimiento a Claudia y Eugenia que posibilitan que este informe sea publicado y llegue a quienes ignoran el cómo de una Río Grande que ya no es.


Un poco de historia


El frigorífico fue iniciativa de una cooperativa de estancieros, que a principios del Siglo XX, vieron cómo el mundo se actualizaba y al industria llegaba hasta los más recónditos lugares de la actividad humana. Así, en 1916 se inició la Compañía Frigorífica Argentina de Tierra del Fuego. Este emprendimiento, que le dio trabajo a centenares de peones golondrinas, funcionó hasta que en 1940 fue vendida a la Compañía Argentina de Productores de Carnes (CAP).

En 1784 William Cullen construye la primera máquina para enfriar, pero hasta 1927 no se fabrican los primeros frigoríficos domésticos. Todo esto, tiene fuerte impacto en Argentina, y por ende en la rural Tierra del Fuego, ya que con el advenimiento del modelo agro exportador y con la apertura económica hacia Europa, desde la Isla Grande se exportaban muchas toneladas de la materia prima que se producía en la Tierra del Fuego.

Mirko Milosevic dice en el libro de Bou/Repetto "Antiguamente se faenaban 300 mil animales de las estancias José Menéndez, María Behety, La Ruby, Cullen y Viamonte. Con esas estancias ya casi cubría la hacienda que necesitaba para exportar a Inglaterra. En la época de la zafra se traía mucho personal del norte; de Buenos Aires, de Punta Arenas, como 700 personas" menciona.

"Aquí venían de Buenos Aires con ingenieros ingleses para ver si (se) reunían las condiciones, el mercado de Europa tenía sus ciertos límites para mandar los productos. Se llevaban todo congelado, si no tenían los grados necesarios se devolvía completamente el embarque" finaliza.


Con rasgos casi urbanos –como se lo define en el libro “A hacha, cuña y golpe” (1995 – Bou/Repetto)- desde su llegada a la estepa fueguina, el frigorífico reunió las características de un pequeño poblado que lo tenia todo. O al menos, lo necesario para la vida de trabajo en un ambiente inhóspito y agresivo.

Desde chico escuché mucho sobre el ‘barrio Cap’ o ‘el frigorífico’ y su paso por la génesis de la futura Río Grande que fue decisiva, ahora me toca caminar dentro de los casi 100 años de historia encerrados entre los alambrados.


En el Predio

Gracias a Olga Pereyra –mediante gestión frente a los propietarios del predio-, en marzo y abril pasado pude acceder al predio donde se encuentra el Monumento Histórico Nacional, declarado así en el año 1999 por la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos.

Durante las dos jornadas en que fotografié el ex frigorífico, me encontré con la amabilidad de los cuidadores, quienes me acompañaron durante la visita a cada rincón de la obra.

Poco más de 300 fotografías alcancé a tomar y de ellas, sin temor a avergonzarme, unas 50 son más clarificadoras de las labores que allí se desempeñaban en principios del Siglo XX.

La piedra fundamental; la enorme nave principal; la chimenea roída por el óxido y el tiempo implacables; las panorámicas que desde el muelle ofrece la ciudad; la cisterna custodiando todo; las antiguas maquinarias que -a la intemperie- van vistiendo su hierro de rojo; y el tiempo que deja marcas indelebles en los muros, fueron de la partida aquella primera tarde.

Sin dudar caminé a la cisterna; escalé la treintena de hierritos que hacen las veces de escalones de aquella mole de hierro, los que me llevaron casi a la cúspide.

Nunca había visto la ciudad desde esas alturas y al sur del río. Una postal distinta. Me hubiera gustado ver la ciudad desde allí arriba pero en tiempos de oro del frigorífico. ¿Cómo sería esa Río Grande?


No me sentí muy cómodo subiendo más, aquella escala estaba sumamente destruida por el viento, el agua y el óxido.

Desde allí, tomé una postal del predio. La nave es inmensa, en forma de L, la parte que se ve desde el acceso conforma un enorme galpón, hoy utilizado para depósito, la otra conforma la línea de producción de la materia prima, desde allí también se ve un acceso para los animales.

Cuando decido bajar del tanque, camino por los vestigios de un incendio, quizás un galpón de madera y hierro. El fuego, deja su estampa en las madreas renegridas y los bulones rojos, por el perímetro que fue su base. Todo esta quieto, como detenido en el tiempo… Sólo el viento, incansable y constante, es el habitante más destacado.

Luego de recorrer todo el lugar, decidimos con Olga, seguir por una calle lateral al alambrado del ex frigorífico e internarnos en lo que pareciera ser un barrio detenido en 1940. Allí, aún están de pie algunas dependencias que formaban parte de este pequeño pueblo. La casa del Administración, la gamela de los peones, la enfermería, estafeta postal, telefónica y otras construcciones olvidadas.


Un final posible...

Releyendo la declaratoria de la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos me pregunto qué sucedió con tantos considerandos del proyecto y la posterior protección y restauración del lugar, la que aún no llega.

“Fue la instalación industrial más importante en su carácter” dice, “erigida en la Isla Grande de Tierra Del Fuego” y sostiene la misma que “expresaba la Argentina ganadera y exportadora de aquella época”

Y aunque “su construcción y puesta en actividad significó un hito fundacional en la génesis y consolidación del poblamiento primario de la Ciudad de Río Grande” su contribución al “desarrollo económico y social” nos se condice con lo que sucede en la actualidad. Abandono.


Nota: Muchas de las fotografías de la galería no han sido publicadas por la revista por motivos lógicos de espacio.

4 comentarios:

SUREANDO dijo...

Felicitaciones por esta entrada. Yo nací en una posta o pequeño hospital que había en el Frigorífico en el 53. Atendió a mi mamá el Dr. Barabino.
¿queda algún indicio de ella? ¿alguna foto?
cualquier dato me haría muy feliz.
Saludos

SUREANDO dijo...

¿sería posible comprar esa revista? vivo en Concepción, Chile.

Anónimo dijo...

Muchas felicitaciones a Euge con este emprendimiento!!! y arriba el arte y los diferentes medios de mostrarlo, saludos Pato

Carlos Torres Carbonell dijo...

Para la señora que firma como SUREANDO, según puedo recordar, esa instalación de la Posta Sanitaria del Frigorífico, en la década del 80 se refaccionó y amplió para ser utilizada como albergue para los chicos que venían desde la zona rural a estudiar en los colegios secundarios y escuelas de Río Grande, tiempo después fué destruída por un incendio, a posteriori se reconstruyó, aunque dezconozco con que finalidad, intentare conseguir alguna foto proximamente. C.Torres Carbonell

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