El cruce de un río pone realidad sobre la fantasía óptica que produce tanta belleza, con pinchazos que llegan hasta las rodillas en medio de la noche.
A través de Momentos en el Fin del Mundo, compartimos con todos ustedes el inmenso amor que demuestran Perla Bollo y Sergio Anselmino, por la naturaleza fueguina; labor digna de ser destacada.
La Chaira

Muy temprano, teníamos nuestras mochilas puestas y retomamos camino a La Chaira. Cerca del mediodía divisamos el puesto.
Siete perros salen a nuestro encuentro; al llegar, Don Oyarzún, que vive en el puesto desde hace muchos años, nos invita a entrar y compartimos un café con unas riquísimas tortas fritas hechas por él y una agradable charla.

Nos ponemos otra vez en marcha, desde lejos divisamos dos cóndores en la playa, al acercarnos descubrimos cuál era el trabajo que estaban realizando.
Lo que parecía ser un delfín de casi dos metros de largo, con la cola totalmente enredada con algas, estaba siendo comido por estos vitales carroñeros.Cabo Leticia

Nos recibe el puesto Leticia, ubicado muy cerca del mar, al entrar sorpresiva y violentamente un pájaro sale volando y vemos en un rincón apenas escondido entre maderas, un pequeño nido conteniendo tres pichones.
¡Sin palabras!

Nos recibe el puesto Leticia, ubicado muy cerca del mar, al entrar sorpresiva y violentamente un pájaro sale volando y vemos en un rincón apenas escondido entre maderas, un pequeño nido conteniendo tres pichones.
¡Sin palabras!

Con una anatomía totalmente desproporcionada, se contorsionan peleando por el espacio en el nido, aun con los ojos cerrados los pichones se mueven y empujan entre sí.
Me hubiese gustado tocarlos pero me conformé con haberlos visto, esa pequeña vida con sus misterios, con su lucha por sobrevivir.
Dejamos las mochilas y nos quedamos sentados disfrutando de una tarde de sol increíble, quizás uno de esos momentos en donde el viento se toma un descanso también.
“La vida apacible” es mi carátula para aquellos momentos, en los que el tiempo parece detenerse con el solo fin de que logremos ser realmente parte del lugar, del momento en el que existimos, que es el único que existe, y que solo nos quede “disfrutar”.

Una tonina pesca muy cerca de la playa. A unos metros más adelante un cachalote varado en la costa, aparentemente desde hace varios meses, se encuentra cubierto de gaviotas y petreles gigantes que comen lo poco que va quedando; el banquete es abundante aún.

La cola del cachalote mantiene su forma, pero con el paso del tiempo el resto del cuerpo ha sido deformado y cubierto por la arena.
El río Leticia o Noguera
Llegamos a la orilla casi al atardecer, dos horas antes de la marea baja.
Prendemos fuego cerca de la desembocadura y cenamos, acompañados con un nuevo espectáculo de color y de sonido, como el que provoca el desagüe del río al hacer caer las pequeñas piedras por las que está formado el borde de su cauce.
Ya no quedan tonos celestes ni rosas, el cielo ya azul se prepara para recibir al plenilunio.Me siento a escribir mi diario… Es difícil ponerle palabras a la majestuosidad de la naturaleza que habita en esta Península.
Nos preparamos para cruzarlo, comenzamos a caminar mar adentro, casi 200 metros paralelos al río, avanzamos por la playa que dejó el mar al retirarse, al fin nos encontramos con la fusión de esas dos aguas que seguramente durante miles de años se siguen juntando. La oscuridad ahí, es diferente o quizás la idea de estar dentro del mar da esa sensación.
El cruce con el agua helada más arriba de las rodillas dura aproximadamente 10 minutos, el fondo es muy pedregoso y la fuerte correntada obliga a un paso lento, concentrados para controlar el frío y el dolor en los pies, logramos llegar a la costa. Nos lleva unos minutos secarnos para continuar.
Camino al río Bueno
Decidimos seguir por la costa, la cual a minutos nos sorprende con un fantasmal panorama formado por enormes piedras desprendidas desde un abrupto y alto acantilado. Pequeñas cuevas erosionadas inventan profundas sombras.
La luz de mi linterna frontal ilumina una vaca muerta con el cuello quebrado, seguro desbarrancadas del alto acantilado: una más de las tantas que vimos en toda la costa.
Ahora la playa es libre de piedras y caminamos con las linternas apagadas, nuestra vista se acostumbra a la tenue luz de la luna, es una sensación hermosa.
La idea de que no nos encontrábamos solos se confirma cuando Sergio me señala la silueta oscura de un Zorro Colorado que nos observa muy atento… y seguro sorprendido, como nosotros.
Río Bueno
El río Bueno corre casi paralelo al mar en el último tramo antes de desembocar, formando una pequeña curva.
Una vez más el pedregullo se hace sentir al igual que el frío del agua, pero esta vez, el caudal es mayor y ayudándonos con los bastones cruzamos con el agua a los muslos a paso lento pero firme.
Son las 2 de la mañana, un día intenso de 18 horas de caminata finaliza dentro de nuestra carpa. Totalmente agotados caemos en un profundo sueño hasta el amanecer del otro día.
Hasta aquí la segunda parte de "Mitre: Costa Norte" escrito por Perla Bollo con fotos de Bollo/Anselmino.
Fotos y texto: Copyright (2008) SERGIO ANSELMINO/PERLABOLLO
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