jueves 2 de octubre de 2008

Festín de imágenes a Remolino

Envidiable por su forma de traducir imágenes en palabras, frases, oraciones repletas de descripciones, Perla Bollo nos cuenta sobre su travesía a Estancia Remolino bordeando la costa del Canal Beagle.
Partiendo desde Punta Escarpados, en Playa Larga y con la compañía de Sergio Anselmino, recorren en 16 horas 50 kilómetros. En el viaje, encuentran presencias y ausencias, vestigios del dueño primitivo y de aquel que indiscriminadamente tomó y destruyó.
Con un álbum fotográfico increíble, las oraciones renacen en bellos lugares, las palabras cobran alas y remontan el cielo austral, los verbos recorren las montañas fueguinas.
Desde Momentos en el Fin del Mundo, agradecemos nuevamente el aporte de 'estos locos por la naturaleza' que buscan caminos y al encontrarlos, convierten lo que aprecian en excelentes narraciones.



(Por Perla Bollo).- "Hay un camino más allá, donde termina el camino. Quizás sea tu verdadero camino, te pertenece por el solo hecho de que cada paso que das es autentico, más que valorado por la iniciativa y voluntad de ir en esa dirección sin un trazo previo, sin una ruta, sin un sendero…"
Esta sensación la tuve todo el tiempo durante mi viaje a Península Mitre, un recorrido despojado de senderos y rutas preestablecidas. Solo una dirección a seguir, dueños de cada paso, llegando como siempre al lugar exacto….
Pero cuando la distancia a la civilización todavía alcanza magnitudes adonde el hombre puede llegar motorizado o simplemente sin grandes obstáculos, estas ofrecen lugares que contienen testimonios de que él ya pasó, ya dejó aunque más no sea un sendero y, lamentablemente, esta vez, algo más que senderos. Y ya nada será igual.
El fin del camino a Playa Larga, donde se encuentra la baliza de escarpados (la cual señala el ingreso a la Bahía de Ushuaia), nos despedía viéndonos desaparecer en el bosque rumbo a Estancia Remolino.

LA NIEBLA Y LA LUZ

La mañana se presentó con una particular niebla que cubría todo el canal, casi como exclusividad de la superficie del agua que sobrepasaba muy poco la costa.
El bosque nos envolvía y los rayos del sol, caprichosos, se filtraban entre la niebla y los árboles. El tan conocido sendero se había transformado en una espectacular secuencias de luces más tenues, más fuertes y cambiantes a medida que avanzábamos.
El sol no alumbraba como un todo, sino que usaba los espacios que dejan las hojas y ramas para descender como un rayo esfumado por la niebla y otras veces parecía girar en su eje mientras irradiaba su luz.

Impresionante imagen del bosque fueguino

Son los lujos que se puede dar la luz, aunque el espacio sea pequeño o la luz sea tenue, ella siempre se destaca marcando la diferencia con la oscuridad.
El sendero hondonado, acompañaba a la costa y lo recorrimos rápido sin inconvenientes. Un bosque, un claro, un claro, un bosque eran secuencias que se repetían.
Vacas y terneros extrañados por nuestra temprana presencia, se veían correr muy cerca desapareciendo de nuestra vista debido a la densa niebla.
Un carancho distraído, posado en un árbol me permite acercarme lo suficiente…y como era de esperar, desplegó sus alas alejándose hacia la espesa niebla.
Todo el gris, monocromático, se había adueñado de nosotros y del paisaje.

¿Cómo puede el sol darle y quitarle vida a los colores?

Estancia Túnel aparece en nuestro camino, silenciosa. Un perro en alerta nos escucha rompiendo el instante con su ladrido.

RIO ENCAJONADO



Continuamos camino, la humedad del aire se hace sentir, el sendero se eleva considerablemente y deja ver, abajo hacia la derecha la costa y hacia la izquierda un paredón de piedra majestuoso.
Cauquenes, cotorras, un zorro gris, chimango, cormoranes, becacinas y pequeños pájaros van apareciendo en nuestro camino.
A medida que avanzábamos un ruido muy particular nos avisaba que estábamos en cercanías del Rió Encajonado.
Encajonado, vertiginoso, el río corre torrentoso para juntarse con el mar. Desde arriba, las paredes de piedra que lo contienen, presentan mucha vegetación. Troncos y ramas se entrelazan hasta tocarse con los árboles y ramas del otro lado del río simulando un techo.
Esta vez, como tantas otras, cruzaríamos el río en la desembocadura para poder continuar. El agua helada por unos segundos provoca una sensación de espinas rozando la piel. Al llegar a la costa, calzarnos y continuar caminando, es la mejor forma de entrar nuevamente en calor.

APERTURA

Por suerte, como un tapiz que se enrolla, la niebla se desplazó dando lugar a lo que se imaginaran fue un día diáfano. Todo se modificó.
Mar por cielo, cielo por mar, como un espejo se invertían debido al mar calmo y la atmósfera tan limpia. Claramente se podía apreciar la Isla Navarino con sus impresionantes dientes cubiertos aun de nieve.
Aprovechamos la playa para continuar caminando.
Vestigios de asentamientos de nativos de Tierra del Fuego se encuentran dispersos sobre la costa.
¿Cuántos? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué?

Quién pudiera volver el tiempo atrás.

Cruzamos Punta Segunda con la Fragata Libertad que abandonaba la Bahía de Ushuaia, sus gigantes velas desplegadas.

EL SHOPING DEL USADO Y DESUSO MIMETIZADO
Nótese la zapatilla en medio de la escena.

En una determinada parte de la costa, llama la atención la cantidad de residuos que trae el mar, de lo más variado e inimaginable.
Cascos de trabajo, botellas de soda sin abrir, zapatillas, boyas de pesca, sogas, juguetes, frascos de todo tipo y tamaño, ropa, partes de computadoras y televisores, cajones de madera, plásticos y otras cosas más, increíbles de encontrar allí. Desechos que los barcos tiran al mar y que van a morir sobre esta costa, creando un paisaje ilógico, incoherente.
Algunas piedras de color gris presentaban una coloración particular amarilla por los líquenes adheridos, al ir caminando sobre ellas encontramos una zapatilla que graciosamente se camuflaba entre las piedras al tener los mismos colores. ¿Quién se copiaría de quién?
Cómico encuentro y desagradable realidad. En lugar de cooperar, el hombre genera un desequilibrio y destrucción, enmascarado de evolución y tecnología.
"Una bóveda verde de hojas, filtra luz, actúa como santuario para una gran diversidad de vida animal y vegetal, una montaña protege y colabora con su declive para que el agua fluya y así calmar la sed de la tierra en todo su recorrido hasta llegar indefectiblemente al mar.
El mar respira sumándose al pulso y latido de la vida en la Tierra.
Combinaciones perfectas. Lucha entre gigantes, agua, aire, tierra, que al concluir la batalla conviven en pacifico equilibrio, que seguro volverá a quebrarse para luego volver a serenarse.
Insertemos al hombre allí. Con necesidades básicas más que cubiertas generando un residuo que no encuentra un lugar útil en todo este sistema.

EL BRUJO Y SU CASA

Si los brujos existen, aquí seguro habitó uno.

En forma de cono con palos, plásticos y chapas la arquitectura lograba dar la más fiel imagen de la casa de un personaje fantástico. A unos metros, colgado de un árbol y carente de su cabeza, un ejemplar vacuno pendía de sus patas traseras.

LA ESTANCIA

Contorneado y más estrecho, el sendero trae aires del pasado.
El aliento que emana el alma del que estuvo por ahí en algún momento, nunca desaparece.
La estancia, el pequeño puerto, los rieles truncos y oxidados. El naufragio del Monte Sarmiento.
Una pradera de ensueño de pequeñas flores silvestres adornaba los alrededores. El sol ayudaba, todo resplandecía.
Hoy, solo queda una silenciosa estructura que se rinde lentamente con su historia, golpeada por el tiempo, que en complot con el clima, la corroe sin piedad.

PISANDO NUESTROS PASOS

Retorno. Ya incorporé el camino hasta Estancia Remolino a mi vida. Un tramo que sumaria más adelante con otro más largo, de Moat hasta Bahía Buen Suceso, quedándome un espacio sin recorrer entre Remolino y Moat.
Un improvisado puente construido por Sergio, nos facilita el cruce del río de Punta Segunda. Cae el atardecer sobre el canal.
Magnifica luz, magnifico aire.
Fantásticamente el bosque que nos recibiera con niebla, ahora nos despide en total oscuridad poniendo a prueba nuestra vista. No encendemos las linternas.
Ya las luces de la ciudad nos hacen volver a la realidad.
Durante 16 horas de caminata recorrimos, sin parar, 50 kilómetros; ida y vuelta a Estancia Remolino.
Nos envolvió aquella serenidad, que genera el equilibrio, la necesidad cubierta sin residuos, pero que registran heridas por ser lugares que existen mas allá del camino pero no "lo suficientemente más allá"

Textos y Fotos: (C) Perla Bollo

2 comentarios:

Anónimo dijo...

ME ENCANTO EL RELATO, CON SU DETALLADA DESCRIPCION, PARACIA HABER ESTADO ALLI.
MIL GRACIAS.

Anónimo dijo...

Muy buena redacción, estuve solamente hasta Rio Encajonado, su desembocadura en el Canal Beagle. Me gustaria llegar hasta Estancia Remolino alguna vez ...

Saludos,

Hernán.-

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